A veces me pregunto si todos tenemos dignidad.
Si somos capaces de llegar a ese punto intermedio entre ser orgulloso o sumiso, de saber lo que nos merece y lo que no nos merece.
Ahora estoy bastante confundido, pues, tampoco estoy, ni soy, demasiado positivo por lo general.
Pero más allá de eso, en ocasiones que no debería serlo, lo soy, y es muy curioso. Pero, nos pasa a todos.
Muchas veces ponemos punto y final a una situación incómoda que nunca hemos sabido como librarnos. En cambio, cuando tienes debilidad por algo, somos positivos y esperanzadores, aunque sabemos que es inútil…pues, no va a haber cambio.
A veces pasa que tratas de llegar a lo inalcanzable, que tratas de elevarte tan alto por una persona en concreto, mientras ella ni se ha percatado de ello, o directamente piensa que no has alcanzado aún la longitud adecuada para sorprenderle o sorprenderla. Es ahí cuando piensas que tu esfuerzo no ha servido de nada, y que tu bonita capacidad para amar tampoco.
La consecuencia es comerte la cabeza, pensando una y otra vez que quizás el error haya sido lanzar tan pronto tus sentimientos al aire, y que la otra persona solo consiga sentir una mera e insignificante parte. Tú en cambio lo das todo.
Hemos llegado a una conclusión verdaderamente catastrófica: darlo todo a cambio de...¿nada? Hacer lo imposible para llegar hasta tan lejos por esa persona y recibir nada o bien poco a cambio.
Yo pienso que el amor de pareja no es incondicional, pues no es como el de una madre que por mucho que le hagamos trastadas, por mal que nos portemos, ella sigue allí, nos quiere y nos da todo cuanto ella puede. Nos quiere seamos lo que seamos. Este amor, el amor de pareja, digamos que es diferente: por mucho que lo niegues, siempre esperas algo a cambio de esa persona. No estás dispuesto a dar siempre y a no recibir nada a cambio, pues no te sientes querido.
Si somos capaces de llegar a ese punto intermedio entre ser orgulloso o sumiso, de saber lo que nos merece y lo que no nos merece.
Ahora estoy bastante confundido, pues, tampoco estoy, ni soy, demasiado positivo por lo general.
Pero más allá de eso, en ocasiones que no debería serlo, lo soy, y es muy curioso. Pero, nos pasa a todos.
Muchas veces ponemos punto y final a una situación incómoda que nunca hemos sabido como librarnos. En cambio, cuando tienes debilidad por algo, somos positivos y esperanzadores, aunque sabemos que es inútil…pues, no va a haber cambio.
A veces pasa que tratas de llegar a lo inalcanzable, que tratas de elevarte tan alto por una persona en concreto, mientras ella ni se ha percatado de ello, o directamente piensa que no has alcanzado aún la longitud adecuada para sorprenderle o sorprenderla. Es ahí cuando piensas que tu esfuerzo no ha servido de nada, y que tu bonita capacidad para amar tampoco.
La consecuencia es comerte la cabeza, pensando una y otra vez que quizás el error haya sido lanzar tan pronto tus sentimientos al aire, y que la otra persona solo consiga sentir una mera e insignificante parte. Tú en cambio lo das todo.
Hemos llegado a una conclusión verdaderamente catastrófica: darlo todo a cambio de...¿nada? Hacer lo imposible para llegar hasta tan lejos por esa persona y recibir nada o bien poco a cambio.
Yo pienso que el amor de pareja no es incondicional, pues no es como el de una madre que por mucho que le hagamos trastadas, por mal que nos portemos, ella sigue allí, nos quiere y nos da todo cuanto ella puede. Nos quiere seamos lo que seamos. Este amor, el amor de pareja, digamos que es diferente: por mucho que lo niegues, siempre esperas algo a cambio de esa persona. No estás dispuesto a dar siempre y a no recibir nada a cambio, pues no te sientes querido.
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