Pequeño desastre animal.
sábado, 15 de marzo de 2014
Duele.
19:00. Y aún duele. El no hablar contigo, digo. El no saber nada de ti. El no darte los buenos días, ni las noches. El no poder desearte buena suerte en tus exámenes. El no poder ver lo feliz que eras con tu guitarra y tu música. El no poder decirte 'te quiero'. El ver que pierdes el tiempo con alguien, y no conmigo. El no poder tener nunca más alguna cuenta atrás para verte. El no enfadarme por algo, pero a los cinco minutos arreglarlo. Vamos, que duele no tenerte. Duele que te hayas ido. Y así estoy, dolido.
viernes, 7 de marzo de 2014
Pasado.
Todo llega a su fin en un momento dado, y creo que el fin de mi historia es ahora.
Una historia rara, compleja y movida que ha durado más de lo que debería haber durado. Una historia que se lleva con ella momentos complicados, días felices, caídas, golpes, sonrisas y alegrías, besos sentidos pero traicioneros, miles de contradicciones, abrazos inesperados, almohadas empapadas a las 00:00 de la noche, ilusiones, amor, alegría, tristeza y por último y más importante, mucha amistad de por medio.
Supongo que todo esto me lo he buscado yo solo, sin querer y sin poder evitarlo. Como tampoco he podido evitar hacer muchas cosas que he hecho, aunque haya sido todo en vano. Miles de detalles que he tenido que no han servido para nada, cantidad de momentos vividos, tan sólo para quedarse en meros recuerdos. Pero las cosas no salen como uno quiere, y así estoy, muerto del asco pensando que lo que he hecho ha quedado en nada, y convencido de que las cosas iban a salir bien, pero no. ¿Arrepentido de enamorarme? Para nada, una lección más al saco. ¿Arrepentido de todo lo vivido? Menos aún, con eso que me quedo, no puedo pedir más. ¿Que he intentado hacer las cosas lo mejor posible, que he tragado más de la cuenta y he pasado cosas que no debería haber pasado? Pues claro, y sin merecérmelas, porque me he portado demasiado bien para toda la mierda que me ha venido encima...
Pero así es la vida. No nací con la palabra suerte tatuada en la frente, ni mucho menos. Y, a pesar de currarme las cosas, no he conseguido nada. Me quedo conmigo mismo. Con quererme. Por encima de todo. Y de todos.
Una historia rara, compleja y movida que ha durado más de lo que debería haber durado. Una historia que se lleva con ella momentos complicados, días felices, caídas, golpes, sonrisas y alegrías, besos sentidos pero traicioneros, miles de contradicciones, abrazos inesperados, almohadas empapadas a las 00:00 de la noche, ilusiones, amor, alegría, tristeza y por último y más importante, mucha amistad de por medio.
Supongo que todo esto me lo he buscado yo solo, sin querer y sin poder evitarlo. Como tampoco he podido evitar hacer muchas cosas que he hecho, aunque haya sido todo en vano. Miles de detalles que he tenido que no han servido para nada, cantidad de momentos vividos, tan sólo para quedarse en meros recuerdos. Pero las cosas no salen como uno quiere, y así estoy, muerto del asco pensando que lo que he hecho ha quedado en nada, y convencido de que las cosas iban a salir bien, pero no. ¿Arrepentido de enamorarme? Para nada, una lección más al saco. ¿Arrepentido de todo lo vivido? Menos aún, con eso que me quedo, no puedo pedir más. ¿Que he intentado hacer las cosas lo mejor posible, que he tragado más de la cuenta y he pasado cosas que no debería haber pasado? Pues claro, y sin merecérmelas, porque me he portado demasiado bien para toda la mierda que me ha venido encima...
Pero así es la vida. No nací con la palabra suerte tatuada en la frente, ni mucho menos. Y, a pesar de currarme las cosas, no he conseguido nada. Me quedo conmigo mismo. Con quererme. Por encima de todo. Y de todos.
jueves, 16 de enero de 2014
Miedo.
Vivo con aquel deseo continuo de desaparecer, de irme, de perderme, de que se olviden de mí, incluso yo mismo.
Quiero encerrarme en mi mente y poder dar paseos, y arreglar todo, y no volver.
Quiero sentirme querido, pero luego me paro, y me pregunto, ¿cómo se puede querer a una persona tan triste y tan desanimada y con tan pocas ganas de vivir?
Me dijeron que esto se me pasará, hace años ya, y sigo así, y sé que seguiré así hasta el fin, y sé que no viviré mucho siendo así, pero al fin y al cabo, todo esto, a quién le va a importar?
Supongo que así esta escrito para mí.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Ser fuerte.
En el fondo, a todos nos gusta pensar que somos fuertes. Que vamos a poder con todo lo que nos venga encima, que pudimos con lo de ayer y podremos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabemos que eso no es verdad.
Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura, ni en esconderse detrás de un disfraz. Ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo.
Pero como, por naturaleza, solemos ser impacientes y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobretodo disimular. Sí, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte, para que nadie note que en realidad, lo que nos pasa de verdad, es que estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo hace que duela.
Pero a veces, bueno... a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte, bajar la guardia y darte una tregua. Está bien bajar la guardia de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone verse indefenso delante de alguien o tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos. A los que ya no están y a los que están, pero lejos.
Sin embargo, hay momentos que es lo mejor que puedes hacer: darte una tregua. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes, eso es lo que nos hace humanos.
Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura, ni en esconderse detrás de un disfraz. Ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo.
Pero como, por naturaleza, solemos ser impacientes y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobretodo disimular. Sí, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte, para que nadie note que en realidad, lo que nos pasa de verdad, es que estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo hace que duela.
Pero a veces, bueno... a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte, bajar la guardia y darte una tregua. Está bien bajar la guardia de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone verse indefenso delante de alguien o tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos. A los que ya no están y a los que están, pero lejos.
Sin embargo, hay momentos que es lo mejor que puedes hacer: darte una tregua. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes, eso es lo que nos hace humanos.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Distancia.
Distancia. Palabra definida como el espacio que existe entre dos puntos. En realidad, a nadie le gusta hablar de la distancia. Muchos dicen que es el olvido. Otros que hace la fuerza y la unión. Otros, simplemente, creen que ni siquiera les afectaría.
Nadie sabe realmente que significa esa palabra hasta que no la tiene en su boca. Hasta que no pierdes a alguien por culpa de unos kilómetros, que al fin y al cabo, son lo que son, distancia. A nadie le gusta estar lejos de quien quiere y menos con miedo a perderlo. Seguramente muchos sabréis de lo que hablo. Esa sensación, que no sé realmente como explicarla. Algo de impotencia y tristeza. Sientes que tu lugar no es en el que estás, que necesitas verle, abrazarle.
No sé que duele más que la distancia. No sé que es peor, un querer y no poder o un poder y no querer.Y ahora, os reiréis. ¿De qué? Sí, de la distancia. Por eso, cuando la gente pregunta ¿Qué es la distancia? Y contestan: espacio que existe entre dos puntos, siempre sonrío.
Si realmente supieras lo que es la distancia, nunca contestarías eso.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Merecer o no merecer.
A veces me pregunto si todos tenemos dignidad.
Si somos capaces de llegar a ese punto intermedio entre ser orgulloso o sumiso, de saber lo que nos merece y lo que no nos merece.
Ahora estoy bastante confundido, pues, tampoco estoy, ni soy, demasiado positivo por lo general.
Pero más allá de eso, en ocasiones que no debería serlo, lo soy, y es muy curioso. Pero, nos pasa a todos.
Muchas veces ponemos punto y final a una situación incómoda que nunca hemos sabido como librarnos. En cambio, cuando tienes debilidad por algo, somos positivos y esperanzadores, aunque sabemos que es inútil…pues, no va a haber cambio.
A veces pasa que tratas de llegar a lo inalcanzable, que tratas de elevarte tan alto por una persona en concreto, mientras ella ni se ha percatado de ello, o directamente piensa que no has alcanzado aún la longitud adecuada para sorprenderle o sorprenderla. Es ahí cuando piensas que tu esfuerzo no ha servido de nada, y que tu bonita capacidad para amar tampoco.
La consecuencia es comerte la cabeza, pensando una y otra vez que quizás el error haya sido lanzar tan pronto tus sentimientos al aire, y que la otra persona solo consiga sentir una mera e insignificante parte. Tú en cambio lo das todo.
Hemos llegado a una conclusión verdaderamente catastrófica: darlo todo a cambio de...¿nada? Hacer lo imposible para llegar hasta tan lejos por esa persona y recibir nada o bien poco a cambio.
Yo pienso que el amor de pareja no es incondicional, pues no es como el de una madre que por mucho que le hagamos trastadas, por mal que nos portemos, ella sigue allí, nos quiere y nos da todo cuanto ella puede. Nos quiere seamos lo que seamos. Este amor, el amor de pareja, digamos que es diferente: por mucho que lo niegues, siempre esperas algo a cambio de esa persona. No estás dispuesto a dar siempre y a no recibir nada a cambio, pues no te sientes querido.
Si somos capaces de llegar a ese punto intermedio entre ser orgulloso o sumiso, de saber lo que nos merece y lo que no nos merece.
Ahora estoy bastante confundido, pues, tampoco estoy, ni soy, demasiado positivo por lo general.
Pero más allá de eso, en ocasiones que no debería serlo, lo soy, y es muy curioso. Pero, nos pasa a todos.
Muchas veces ponemos punto y final a una situación incómoda que nunca hemos sabido como librarnos. En cambio, cuando tienes debilidad por algo, somos positivos y esperanzadores, aunque sabemos que es inútil…pues, no va a haber cambio.
A veces pasa que tratas de llegar a lo inalcanzable, que tratas de elevarte tan alto por una persona en concreto, mientras ella ni se ha percatado de ello, o directamente piensa que no has alcanzado aún la longitud adecuada para sorprenderle o sorprenderla. Es ahí cuando piensas que tu esfuerzo no ha servido de nada, y que tu bonita capacidad para amar tampoco.
La consecuencia es comerte la cabeza, pensando una y otra vez que quizás el error haya sido lanzar tan pronto tus sentimientos al aire, y que la otra persona solo consiga sentir una mera e insignificante parte. Tú en cambio lo das todo.
Hemos llegado a una conclusión verdaderamente catastrófica: darlo todo a cambio de...¿nada? Hacer lo imposible para llegar hasta tan lejos por esa persona y recibir nada o bien poco a cambio.
Yo pienso que el amor de pareja no es incondicional, pues no es como el de una madre que por mucho que le hagamos trastadas, por mal que nos portemos, ella sigue allí, nos quiere y nos da todo cuanto ella puede. Nos quiere seamos lo que seamos. Este amor, el amor de pareja, digamos que es diferente: por mucho que lo niegues, siempre esperas algo a cambio de esa persona. No estás dispuesto a dar siempre y a no recibir nada a cambio, pues no te sientes querido.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Simplemente, gracias.
Hace 18 años mi vida cambió por completo. Bueno, mejor dicho, me la cambiaron. Mejor aún, me la salvaron. No recuerdo absolutamente nada de ello, sólo sé que después de tres meses de continuas pruebas y tratamientos que hacían que estuviera más y más débil cada vez, finalmente dieron con la solución del problema.
Un problema que me había encerrado en el hospital con tan solo días de vida durante tres meses. Un problema que hizo sufrir a las personas que más quiero en este mundo. Un problema que finalmente pude vencer.
Llamadas a las tantas de la madrugada por mi culpa. Visitas odiosas al hospital día sí, día también. Y yo, tan pequeño e inocente, sin enterarme de nada. Sólo lloraba y lloraba mientras otros sufrían por mí.
Y después de 18 años solamente puedo dar las gracias a aquellos que me salvaron la vida. A aquellos que supieron qué hacer en cada momento y cómo actuar en cada situación. Porque gracias a ellos estoy hoy aquí escribiendo esto, y no dios sabe dónde.
Ojalá yo en un futuro pueda ser como vosotros. Ojalá pueda pagaros todo lo que hicisteis por mí. Ojalá pueda llegar a salvar alguna vida.
Simplemente, gracias.
Un problema que me había encerrado en el hospital con tan solo días de vida durante tres meses. Un problema que hizo sufrir a las personas que más quiero en este mundo. Un problema que finalmente pude vencer.
Llamadas a las tantas de la madrugada por mi culpa. Visitas odiosas al hospital día sí, día también. Y yo, tan pequeño e inocente, sin enterarme de nada. Sólo lloraba y lloraba mientras otros sufrían por mí.
Y después de 18 años solamente puedo dar las gracias a aquellos que me salvaron la vida. A aquellos que supieron qué hacer en cada momento y cómo actuar en cada situación. Porque gracias a ellos estoy hoy aquí escribiendo esto, y no dios sabe dónde.
Ojalá yo en un futuro pueda ser como vosotros. Ojalá pueda pagaros todo lo que hicisteis por mí. Ojalá pueda llegar a salvar alguna vida.
Simplemente, gracias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)