viernes, 7 de marzo de 2014

Pasado.

Todo llega a su fin en un momento dado, y creo que el fin de mi historia es ahora.

Una historia rara, compleja y movida que ha durado más de lo que debería haber durado. Una historia que se lleva con ella momentos complicados, días felices, caídas, golpes, sonrisas y alegrías, besos sentidos pero traicioneros, miles de contradicciones, abrazos inesperados, almohadas empapadas a las 00:00 de la noche, ilusiones, amor, alegría, tristeza y por último y más importante, mucha amistad de por medio.

Supongo que todo esto me lo he buscado yo solo, sin querer y sin poder evitarlo. Como tampoco he podido evitar hacer muchas cosas que he hecho, aunque haya sido todo en vano. Miles de detalles que he tenido que no han servido para nada, cantidad de momentos vividos, tan sólo para quedarse en meros recuerdos. Pero las cosas no salen como uno quiere, y así estoy, muerto del asco pensando que lo que he hecho ha quedado en nada, y convencido de que las cosas iban a salir bien, pero no. ¿Arrepentido de enamorarme? Para nada, una lección más al saco. ¿Arrepentido de todo lo vivido? Menos aún, con eso que me quedo, no puedo pedir más. ¿Que he intentado hacer las cosas lo mejor posible, que he tragado más de la cuenta y he pasado cosas que no debería haber pasado? Pues claro, y sin merecérmelas, porque me he portado demasiado bien para toda la mierda que me ha venido encima...


Pero así es la vida. No nací con la palabra suerte tatuada en la frente, ni mucho menos. Y, a pesar de currarme las cosas, no he conseguido nada. Me quedo conmigo mismo. Con quererme. Por encima de todo. Y de todos.

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