Hola, me llamo Marta y hoy he perdido la vida, una vida que me han robado.
Posiblemente, cuando el reportero pregunte a los vecinos, estos se mostrarán sorprendidos y confusos, y afirmarán casi automáticamente que éramos una pareja muy tranquila, que se apreciaba, que nos queríamos, y que él era tan bueno... que él nunca haría eso. Casi seguro que nuestros vecinos no recordarán los golpes que provenían de nuestra casa a altas horas de la madrugada, cuando mi enamorado y cariñoso marido llegaba borracho a casa.
Tampoco recordarán las numerosas mañanas en las que yo entraba en el súper con las gafas de sol, cubriendo aquellas señales y moratones que me habían aparecido de las numerosas noches de golpeos, forcejeos y violaciones sufridas por parte de aquel animal. Seguramente mi mejor vecina no recuerda aquel día en el que la llamé, asustada y decidida al mismo tiempo, para contarle todo lo que me ocurría, a chivarme por fin de aquella pesadilla que estaba viviendo.
Pero no. Nadie lo recuerda, nadie analiza ni piensa que no éramos la pareja ideal. Nadie me valora por lo buena actriz que llegué a ser, aparentando lo que no era, y haciendo como si nada cuando ni podía tenerme en pie. Probablemente, dentro de unos meses, casi nadie me recordará, a pesar de haber aparecido en las noticias, y tan solo pasaré a representar un número más en una larga y tenebrosa lista: la lista de las víctimas de la violencia de género.
¿Y de qué me sirve que después de matarme te hayas suicidado? No me creo que hayas sido consciente de todo el dolor que me has causado... Sólo me alegro porque seguro que no volverás a matar a ninguna vida inocente nunca más.
Firmado: una víctima más de la violencia de género
Tampoco recordarán las numerosas mañanas en las que yo entraba en el súper con las gafas de sol, cubriendo aquellas señales y moratones que me habían aparecido de las numerosas noches de golpeos, forcejeos y violaciones sufridas por parte de aquel animal. Seguramente mi mejor vecina no recuerda aquel día en el que la llamé, asustada y decidida al mismo tiempo, para contarle todo lo que me ocurría, a chivarme por fin de aquella pesadilla que estaba viviendo.
Pero no. Nadie lo recuerda, nadie analiza ni piensa que no éramos la pareja ideal. Nadie me valora por lo buena actriz que llegué a ser, aparentando lo que no era, y haciendo como si nada cuando ni podía tenerme en pie. Probablemente, dentro de unos meses, casi nadie me recordará, a pesar de haber aparecido en las noticias, y tan solo pasaré a representar un número más en una larga y tenebrosa lista: la lista de las víctimas de la violencia de género.
¿Y de qué me sirve que después de matarme te hayas suicidado? No me creo que hayas sido consciente de todo el dolor que me has causado... Sólo me alegro porque seguro que no volverás a matar a ninguna vida inocente nunca más.
Firmado: una víctima más de la violencia de género
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